La elección de Donald Trump, al igual que la de Clinton, Obama y Bush, no fue más que la respuesta de un electorado que se sentía agotado de oír el mismo discurso, las mismas promesas, y éste estaba deseoso de encontrar una voz, una salida como llamó Albert Hirschman a situaciones como la señalada. Por lo que, la elección de Trump fue un voto a favor de esa voz, de esa salida, y no a favor de la democracia. Fue un voto para la persona y no para el sistema democrático estadounidense, en tanto que modelo de organización político liberal de esa nación.

La elección de Joe Biden no tuvo propósitos muy diferentes a la de Trump. El electorado estadounidense, en apenas cuatro años, se cansó del discurso de éste último. Por lo que la elección de Biden sería una nueva oportunidad para encontrar la salida.

Tal vez, la diferencia, entre ambas elecciones, resida en el hecho de que la de Joe Biden fue un voto a favor del Partido Demócrata, para devolverle al sistema democrático estadounidense su legitimación.

A Donald Trump hay que reconocerle la consecuencia con su propuesta de programa de gobierno. Recordemos que el planteamiento central del mismo giró en torno de devolverle a Estados Unidos su grandeza, su Make American Great Again. Lo condenable e inaceptable es que, para lograrlo, profundizo la puesta en práctica de acciones fascistas y terroristas, como son las opciones militares y las criminales medidas coercitivas unilaterales. Hizo del terror y el chantaje mecanismos de persuasión para la dominación.

A Joe Biden se le presenta con una imagen distinta. Como un hombre tolerante. Como un mandatario capaz de devolverle el “alma” a la tierra del Tío Sam. De restituir “el sueño americano”. Por ello, no debe producir ninguna extrañeza que para lograr este objetivo tenga que actuar de igual manera a como lo hicieron sus antecesores. Por lo que, las diferencias, entre los mandatarios del imperio del norte, son de “piel”, no de “sentimientos”.

En estos cuatro meses de gobierno transcurridos, la política internacional de Biden es la continuidad de la de Trump. Solo que, ha sabido solaparla con algunas decisiones efectistas como el regreso de EEUU a la Organización Mundial de la Salud y la lucha contra el cambio climático. Pero, en lo neurálgico, dicha política sigue siendo la misma. Los enfrentamientos con Rusia, China, Corea del Norte, Irán, Cuba y Venezuela, para solo citar algunas naciones, sigue siendo la misma.

No abriguemos falsas expectativas. Las políticas implementadas por los departamentos de Estado y de Defensa del gobierno de Biden, siguen teniendo como norte impedir la consolidación de nuestra patria, como una nación libre y soberana. Trump y Biden son, pues, “caimanes de un mismo caño”.

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