Hay quienes afirman que el silencio muchas veces dice más que mil palabras. Que aún y cuando en él exista una ausencia total de sonido, nos comunicamos.

Y es que, el silencio, al igual que la palabra, contiene su capacidad de seducción. El silencio está lleno de palabras mudas. Decimos tantas cosas sin pronunciarlas que, al igual que la palabra, también la cobijamos en nuestros sentimientos. Están allí, forman parte de nuestra alma y se aposentan, con la mayor quietud, en nuestra memoria.

Sin embargo los seres humanos, que vivimos en sociedad con otros seres humanos, rodeados de objetos y cosas; que vivimos pensando en un mañana diferente al presente; algunas veces, no nos damos cuenta de que con nuestro accionar le hacemos daño al otro. Generando una suerte de negativismo social, para imponer un individualismo asocial: El Yo por sobre el nosotros.

Conducta que se ha extendido desde las últimas décadas de la centuria pasada, con el establecimiento del modelo neoliberal. Que, para decirlo en términos de Nietzsche, nos ha conducido a una suerte de “neurosis de la salud mental”, ya que se nos ha querido imponer lo anormal como normal.

El silencio no es neutro. Ni quienes callan, son inocentes. Con el silencio podemos mentir, de esta manera hacemos creer a nuestros interlocutores que estamos comprometidos con algo que resulta ser irreal. Nos convierte en seres ambiguos, sobre todo, cuando hacemos de él una práctica permanente.

El silencio es un arma. La que utilizamos cuando queremos alcanzar un determinado objetivo. Por eso, hay quienes desenvainan el silencio sin importarle a quien le hacen daño.

Este es el caso de la Alta Comisionado para los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Michelle Bachelet. Poseedora de una gran incontinencia verbal cuando de acusar a Venezuela se trata. Pero que, ante la criminal actuación del narco-presidente Iván Duque, en contra del pueblo colombiano, nada ha dicho.

En solo un mes de protestas, de un pueblo que se cansó de las injusticias sociales y carencia de libertades a que ha sido sometido por los gobiernos del uribismo, los asesinados, desaparecidos y detenidos, se cuentan por centenas.

Ante estos hechos, la Alta Comisionada de la ONU Michelle Bachelet, guarda el  más absoluto silenció. SILENCIO CÓMPLICE, que es un silencio perverso.

Hugo Cabezas Bracamonte

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