Cuando parecía que el proceso político electoral boliviano se orientaba hacia el fortalecimiento institucional de la democracia radical con el triunfo de Evo Morales en los comicios del 20 de octubre, apareció la cabeza conspirativa, en sus formas más conservadoras de racismo, odio y violencia a los indios y al pueblo, a través de las oligarquías regionales encabezadas por el Comité Cívico Cruceño y el candidato perdedor Carlos Mesa, ambos controlados por el imperialismo y su estrategia de frenar el proceso de liberación nacional y soberanía que se desarrolla en Bolivia en los últimos 14 años.

El rostro del preparado golpe de Estado se desenmascaró dos días después de las elecciones, cuando el presidente del Comité Cívico Cruceño, Luis Fernando Camacho, planteó públicamente posesionar a Carlos Mesa, de Comunidad Ciudadana (CC), como presidente de Bolivia y establecer su gobierno en Santa Cruz de la Sierra, desconociendo los resultados electorales. Su objetivo era inventar un “Guaidó boliviano” que fuera reconocido por EE.UU. y otros países, denunciando la existencia de un fraude electoral.

A pesar del fracasado burdo intento inicial de Camacho, la táctica tuvo un cambio de orientación en el momento en que se reúnen varios dirigentes políticos neoliberales, como el propio Carlos Mesa y Samuel Doria Medina, dirigentes cívicos como Fernando Camacho y Marco Pumari del Comité Cívico Potosinista, y regionales como el gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas; y el de Tarija, Adrián Oliva, quienes deciden formar la Coordinadora de Defensa de la Democracia (CDD) y convocan a la resistencia ciudadana, la misma que tuvo elevados grados de violencia, racismo e insultos contra la población popular de indios y cholas.

Iniciativas oligárquico-imperialistas

El argumento para justificar la trama conspirativa comenzó antes de las elecciones, cuando las encuestas daban una amplia ventaja a Evo Morales y la oposición y el Gobierno de Donald Trump denunciaban la existencia de un fraude. Con los resultados oficiales de la votación de casi 7 millones de personas que dieron el triunfo presidencial al Movimiento Al Socialismo (MAS) de Morales, con el 47.5% de votos, frente al 36.9% de votos de CC de Mesa, en primera vuelta, se dio paso a una campaña en medios de comunicación y en redes de internet, con bloqueos y marchas públicas, denunciando un fraude electoral y reclamando la realización de una segunda vuelta o balotage.

A nivel interno, el periódico partidario de CC, con apariencia independiente, La Prensa, y la cadena internacional CNN, se convirtieron en las vías de difusión de mentiras noticiosas, rumores y medias verdades para crear un ambiente de incertidumbre sobre los resultados electorales y las acciones de violencia.

La reacción internacional estuvo también presente: el Gobierno de EE.UU. y la mayoría de sus países aliados de la Organización de Estados Americanos (OEA), entre ellos Brasil, junto a la Unión Europea (UE), se pronunciaron por desconocer la victoria de Morales en la primera vuelta, en tanto que los Gobiernos de México, Venezuela, Cuba, China, Rusia y más de 90 países del Movimiento de No Alineados (Mnoal) reconocieron la victoria de Morales y el MAS. El presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, igual felicitó al ganador.

Un tercer intento de cambiar la tendencia política y los resultados electorales se presentó con la demanda de realización de una auditoría técnica a cargo de la OEA, que tuvo una frondosa delegación como veedora de las elecciones. Esta demanda fue canalizada por el ministro de Relaciones Exteriores, Diego Pary, para realizar la mentada auditoría. Sin embargo, en un cambio radical de posición de Carlos Mesa, este rechazó la iniciativa de la OEA y planteó la anulación de todo el proceso democrático electoral, modificando su posición inicial y repitiendo los argumentos de Fernando Camacho.

Enfrentamientos y correlación de fuerzas

La razón de este cambio se debió a que Mesa, que ha tenido como acompañante vicepresidencial al cruceño Gustavo Pedraza, se ha convertido en un prisionero de los sectores de la oligarquía agroindustrial y terrateniente del Oriente, representados por Camacho, puesto que gracias a la votación de Santa Cruz el candidato opositor pudo alcanzar un importante lugar en los comicios. Mesa ganó la votación en este departamento con el 48.85%, seguido por Morales con 34.76%, quedando muy rezagado el candidato oficial de la oligarquía cruceña, Óscar Ortiz, de Bolivia Dijo No (BDN), que solamente consiguió un 9.42% de apoyo.

Esta movida política de la oposición estuvo acompañada de una movilización social mezclada entre grupos, familias, estudiantes y jóvenes de sectores medios y acomodados de las ciudades centrales de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz que manifestaban su disconformidad con el MAS y Evo Morales, con grupos de choque organizados para agredir con violencia a personas de apariencia étnica y vestimenta indígena o chola, como ocurrió en Santa Cruz, donde atacaron con armas de fuego a comerciantes que rechazaban los bloqueos, o en Cochabamba, donde grupos de motociclistas armados de palos golpearon a gente de los sectores campesinos.

El diputado electo de CC y periodista, Edwin Herrera, anunció que los resultados electorales que daban el triunfo al MAS iban a generar una amplia protesta popular y llevarían a una guerra civil en Bolivia. Se recuerda que en 2008 se presentó una situación de guerra civil cuando las oligarquías del Oriente (Santa Cruz y Pando) se levantaron en armas contra el Gobierno, con bandas paramilitares que buscaban el federalismo y el separatismo, las que fueron derrotados por los movimientos campesinos, urbano-populares y colonizadores.

Durante los primeros ocho días después de las elecciones, las fuerzas opositoras desarrollaron un amplio repertorio de acciones y movilizaciones denunciando el fraude, demandando la segunda vuelta electoral, identificando a Evo Morales como dictador o reclamando la anulación de las elecciones, frente a lo cual, desde la segunda semana post-elecciones, los movimientos populares comenzaron una acción de respuesta, encabezados por la Central Obrera Boliviana (COB) y la Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam).

Dos proyectos históricos en disputa

En la correlación de fuerzas sociales y política en las calles y las carreteras, las acciones masivas de mineros, campesinos, mujeres campesinas, cocaleros, vecinos, gremiales, transportistas, interculturales e indígenas de Oriente y Occidente consiguieron desplazar y someter a sus adversarios que, inclusive a través del la CDD, plantearon rodear y tomar la Casa del Pueblo en La Paz, donde funcionan las oficinas del presidente Evo Morales. El símbolo de esta disputa fue el ingreso al centro de la capital de los trabajadores mineros que, con la explosión de dinamitas, levantaron bloqueos y protestas opositoras e impusieron orden en la ciudad.

Corresponde señalar que en el escrutinio general Morales tuvo en el departamento de La Paz una votación de 53.16% frente a 28.83% de Mesa, y en Cochabamba de 57.52% frente al 32.21% de su adversario. El MAS ganó en seis departamentos y CC en tres departamentos. Y la distribución legislativa da al MAS 21 senadores y a CC 15 senadores, en tanto que el MAS consigue 68 diputados, CC 50 diputados, Partido Demócrata Cristiano (PDC), la sorpresa del candidato ultraconservador de origen coreano Chi Hyun Chung, 8 diputados y BDN 4.

La polarización política ha develado los alcances de las posiciones en pugna: por una parte la restauración del neoliberalismo, impulsado por las oligarquías locales junto a la alianza estratégica con EE.UU., que conspiran contra el Gobierno de Morales y su reelección, y por otra parte la imprescindible profundización del proceso nacional-popular y antiimperialista que deje de hacer concesiones a los poderes económicos internos y externos y desarrolle las fortalezas del poder popular en la economía y la política, con la democracia participativa y el control social, impulsando al mismo tiempo el proyecto de unidad e integración emancipadora de América Latina y el Caribe.

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