Entre los días 10 y 11 de noviembre se instaló en Bolivia, por redes sociales, una serie de tendencias que negaban el golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales.

Los hashtags #NoEsGolpeDeEstado, #BoliviaNoHayGolpe o #NoCoup para las redes internacionales, buscaron centrar la narrativa golpista como una lucha «pacífica» que llevaron a cabo los movimientos cívicos y ciudadanos en las últimas semanas, argumentando que la toma de calles se dio sin armas y exigiendo nuevas elecciones.

Pero los hechos son otros: tal «movilización ciudadana» fue armada y no pacífica.

  • En la noche del 20 de octubre, día de las elecciones generales, grupos opositores quemaron los Tribunales Electorales Departamentales y las ánforas con las actas de votación en varios departamentos, justamente en los cuales la oposición habría tenido ventaja electoral.
  • Los llamados «grupos de resistencia ciudadana» estuvieron movilizados en los diferentes departamentos del país, donde han sido retratados con palos, bates, bazukas, alambres, dinamitas y gases lacrimógenos, en actitudes de persecución violenta contra la población de los sectores populares y presuntamente identificados como seguidores del Movimiento Al Socialismo (MAS), el partido de Evo.
  • Luis Fernando Camacho, líder del golpe y empresario evangélico de Santa Cruz, también ha pretendido argumentar que su convocatoria no se trata de un cambio de régimen forzado sino más bien un acto de Dios: «No tumbamos gobierno, liberamos a un pueblo en fe», manifestó a través de un vídeo el lunes 11.
  • De igual manera, Carlos Mesa, expresidente y candidato perdedor ante Evo, expuso en otro vídeo que «en Bolivia no se ha producido ningún golpe de Estado, sino una legítima y masiva movilización ciudadana».
  • Las recientes acciones policiales, cuerpo represivo que se plegó a los actores del golpe, contra los seguidores del MAS en la ciudad de El Alto, donde miles salieron a manifestar, lejos están de calificarse como gesto pacífico.

Pero todos los elementos señalan que en efecto ocurrió un golpe de Estado en Bolivia. Señalamos tres:

  1. El amotinamiento de la Policía Nacional y la desobediencia al mandato constitucional de precautelar por la seguridad y el orden del país, generó un ambiente de confrontación y caos generalizado en todos los departamentos de Bolivia, con la población desprotegida. Quebró la soberanía del gobierno sobre el control del orden público, suprimiendo sus capacidades de resguardo. Y dio una vía segura para que los golpistas arribaran sin problemas al Palacio Quemado en La Paz luego del repliegue policial. Los poderes ejecutivo y legislativo se vieron mermados paulatinamente por la toma de rehenes y quema de inmuebles de familiares de los miembros del Gabinete de Ministros y asambleístas del MAS. Además, las Fuerzas Armadas exigieron la renuncia de Morales, lo que constata un golpe de Estado, ya que el presidente boliviano se encontraba aún en legítimas funciones y legalmente constituido.
  2. Evo Morales se vio forzado (literalmente) a renunciar a la Presidencia por estas circunstancias extremas y para evitar que se desarrollara un cuadro de violencia más crítico contra sus simpatizantes y el pueblo en general.
  3. No ha habido una aceptación oficial de la renuncia del presidente depuesto por parte del Órgano Legislativo, por lo que el procedimiento puede ser calificado de inconstitucional.

Con información de Primera Línea.

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