El feriado del 18 de noviembre fue el día elegido por la colectividad inmigrante y organizaciones sociales para una masiva, emocionante y colorida movilización hacia la Plaza de Mayo, centro político de Buenos Aires, en repudio del golpe de Estado en Bolivia y la represión en el país vecino.

El bombo de cuero latía como un corazón, acompañado por el rápido rasgueo del charango (pequeña guitarra andina), mientras el dulce y aireado sonido la quena (flauta hecha de cañas) silvaba una melodía en honor a la Pachamama, deidad de la madre tierra venerada en el altiplano; melodía que se volvía canto en la voz de cientos de manifestantes.

Una rapsodia de amor y unidad se transformó en un canto de guerra, un grito por el honor de un pueblo de sangre y pasado indígena que pide no volver atrás, a los años de opresión, racismo y sumisión que el Gobierno de facto de Bolivia pareciera querer reinstalar a través de la violencia.

En un nuevo acto de rechazo al golpe de Estado que forzó la renuncia del expresidente Evo Morales, las calles de Buenos Aires volvieron a colmarse de manifestantes en una marcha y acto multitudinario a la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, la sede del Poder Ejecutivo argentino.

«No queremos que haya más muertos en Bolivia, queremos la paz y que la prensa tenga la libertad de trabajar. Queremos que se muestre a todos los hermanos muertos en Cochabamba y en La Paz, que este Gobierno dictador no está dejando. En los canales de Bolivia solo pasan dibujos animados«, denunció a Sputnik Juan, referente de la organización Frente Nacional Movimientos del Sur.

Una gran parte de la colectividad boliviana, que cuenta con alrededor de 400.000 personas viviendo en Argentina, estuvo presente y acompañada por miles de argentinos, muchos de ellos militantes de numerosas organizaciones sociales, populares, de derechos humanos y de pueblos originarios.

«Hoy decimos basta a la xenofobia y el racismo que instalaron Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho [líderes opositores a Evo Morales]. Estamos hermanos y hermanas en pie de lucha, no vamos a bajar los brazos hasta que la violencia cese en Bolivia«, dijo a Sputnik Sandra Carreño, secretaria general de la Federación de Mujeres Campesinas Indígenas y Originarias de Bolivia – Bartolina Sisa en Argentina. 

La whiphala, la bandera multicolor que representa a aymaras y quechuas del área andina de América del sur, así como la tricolor de Bolivia pintaron las calles de Buenos Aires desde el mediodía hasta entrada la tarde en un fluir constante de personas que confluyó en un acto que tuvo presentaciones musicales, en un día de calor sofocante que también tuvo unos minutos de tormenta torrencial y granizo.

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