Josep Bórrel, alto representante para la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea, emitió el jueves 16 de septiembre del presente año, una declaración en nombre de los países que forman parte de dicho organismo de integración, en donde lo único que le faltó fue decir que: La Unión Europea solo reconocería los resultados electorales del próximo 21 de noviembre si la oposición resulta ganadora.

Afirmó Bórrel, «que el eventual envío de una misión de observación electoral de la UE a Venezuela dependerá del «papel de la oposición». Condicionó la participación de dicha Misión de Observación Electoral, al hecho de que toda la oposición participe unida en el referido proceso eleccionario.

Y, por si fuera poco, creyendo que el pueblo venezolano es pendejo, pretendió vender la idea de que sus delegados son inmaculados, poseedores de pureza divina. Las nuestras, dijo, son «observaciones muy técnicas, muy objetivas que huyen de toda clase de simpatía o antipatía a priori por los actores» y que las mismas están integradas por «un conjunto representativo del Parlamento Europeo».

Cuanta tristeza dan afirmaciones como estas. El Canciller Borrel no termina de entender que el mundo en que hoy vivimos es otro. Que, como respuesta a la globalización neoliberal, el universo se ha hecho pluripolar. No logran entender que somos pueblos diversos, pero no diferentes.

Los europeos no terminan de entender que, los pueblos de América Latina, rechazamos las políticas modernizadoras neoliberales que se nos quiso imponer; ya que estas implican la exclusión y la represión del otro y de lo otro, de todo lo no establecido de acuerdo a las normas y parámetros de la modernidad capitalista.

Cuanta tristeza da que, las naciones europeas, no sepan todavía que los pueblos de América Latina, somos culturalmente distintos a ellos. Qué hemos cultivado una identidad que cada día se nos revela en nuestra historia profunda. Que nuestra consideración de la modernización es radicalmente distinta a la de ellos. Que la pretensión de que sigamos siendo pueblos sumisos a sus dictámenes, quedó atrás. Que sigamos siendo pueblos que existan para el capitalismo, ahora no es posible.

Josep Bórrel se creé Canciller de una Europa borbónica. Cree que siguen ostentando el poder imperial que tuvieron. No se ha dado cuenta qué mientras América Latina (de manera particular Venezuela), imaginan la edificación de nuevas formas de vida, guiadas por la solidaridad humana y la justicia social. Europa se regolfa en un pasado, que solo es eso: Pasado. Oculta su presente por el temor que tiene del futuro. Por eso, se convirtió en marioneta del imperio estadounidense.

Pues bien, sepa usted, señor Josep Bórrel, y dígale a quienes en la Unión Europea piensan como usted, que los venezolanos no doblamos nuestra cerviz ante nadie. Que como hijos de Simón Bolívar y Hugo Chávez, estamos inundados de dignidad. Y que, el presidente Nicolás Maduro, seguirá conduciendo esta nave hacia puerto seguro.

Hugo Cabezas Bracamonte

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