Las principales potencias del mundo occidental siguen creyendo que el sistema capitalista, en tanto sistema mundo, seguirá siendo el único modelo de organización de las sociedades del orbe; que son los dueños del mundo.

Continúan creyendo que el capitalismo neoliberal, apuntalado en los principios del mercado autorregulado, seguirá permitiéndoles ser el hegemón del universo, como hubo de serlo a partir de la revolución económica iniciada a mediados del siglo XIX.

Continúan actuando como si, con el advenimiento del siglo XXI, nada hubiera cambiado. No se han dado cuenta que vivimos en un mundo que se construye a partir de nuevas realidades.

Pretensiones que les ha impedido entender que un cambio de conducta y de mentalidad ante los problemas sociales, políticos, económicos y ambientales es necesario para alcanzar el desarrollo sostenible.

Para ellos, lo importante es salvar su dios el capital. No les interesa detener la crisis social y ecológica  que vivimos. No logran entender que el reto del presente es salvar la especie humana, para salvar el planeta.

A las potencias occidentales, sobre todo a Estados Unidos, lo único que les importa es saciar sus voraces apetencias hegemónicas. La cooperación, la solidaridad, la fraternidad, son conductas extrañas a sus intereses. Las injusticias sociales no forman parte de su agenda. Enarbolan falsamente la bandera de la Agenda 2030, de la ONU, pero ignoran sus fundamentos e incumplen sus objetivos; a la vez que, impiden que los países en desarrollo puedan alcanzarlos.

Pues bien, una nueva visión de los problemas que hoy tiene la humanidad, y la manera de enfrentarlos, debe tener como punto de partida el análisis de la manera desigual e inequitativa cómo está distribuida la riqueza en el mundo.

Por lo que, el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial  no puede ser inscrito como parte esencial del remozamiento del capitalismo para la consolidación del neoliberalismo.

Las potencias del occidente capitalista viven su ocaso. La llegada del Covid19 así lo ha demostrado. No es ninguna casualidad que ese virus este diezmando su población con tanta inclemencia; y, lo más grave aún, que hayan perdido la batalla en la producción de los fármacos necesarios para su combate con Rusia, China y Cuba.

Un nuevo orden mundial se construye, es verdad. Pero, será multipolar, multiétnico y multicultural. Su edificación es una nueva derrota para las pretensiones hegemónicas del capitalismo neoliberal de occidente.

Hugo Cabezas Bracamonte / @HugoCabezas78

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