Los Altos de Sucre: Un pueblo con vista al mar y envuelto en neblina

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Una espectacular montaña situada en el estado Sucre ofrece una diversidad de servicios turísticos.

En Los Altos de Sucre, zona limítrofe entre los estados Anzoátegui y Sucre, y que forma parte de la serranía enclavada en el Turimiquire, cabecera de los ríos nororientales y cuya naturaleza mira con majestuosidad al Caribe, pervive un clima de montaña que se eleva desde unos aproximados 800 metros sobre el nivel del mar.

Cerca de 10 mil habitantes hacen vida en un ambiente campestre, encubierto por la neblina, al cual se llega desde Puerto La Cruz vía carretera con dirección a Cumaná, después de la alcabala de Pertigalete, en las adyacencias a la planta de cemento, referencia en la que se toma un desvío a la derecha y a unos 7 km en subida ya se está en el sitio.

En busca de una posada

En este recóndito lugar del oriente venezolano se han erigido un conjunto de posadas, iniciativas turísticas con distintas ofertas de servicio como habitaciones, restaurantes y piscinas, entre otros.

Una de las posadas que ofrece vista a la montaña y con unos 30 años de construida, es Casa Diego, antes Paraíso, contentiva de 15 habitaciones, restaurant-bar, servicio de senderismo, masajes, préstamo de bicicleta, recorridos, eventos, traslados a la playa, comida con especialidad en el plato “Burritos Casa Diego”, una especie de tamal relleno con granos y chorizo que se acompaña de aguacate y ensalada; a la carta anexan el asopado de marisco. Mari An Mariam y Malvi Daniel, encargadas, explican que todos los días abren al público las puertas del negocio, excepto los martes. Aunque los fi nes de semana es cuando la demanda se acrecienta. Poseen cuentas en facebook, instagram y en www.posadacasadiego.com, donde publican sus actividades. Hasta ahora suman unos 700 seguidores.

“Este es el sitio preferido por los conductores de motos de colección, gremio que suele subir a la montaña y celebrar aquí sus reuniones”, dice Mariam satisfecha por esta elección.

Yves Dubonnet es otro posadero, se trata de un francés nacido en París, quien tiene unos diez años en Venezuela y desde hace cuatro años fundó Balcón Caribeño, un espacio de siete habitaciones matrimoniales, piscina, comedor y sala de reuniones. Su denominación la inspiró la espectacular visual que da a la bahía de Mochima.

Como le gusta construir producto de su formación en el oficio de la carpintería y la albañilería, se motivó a edifi car lo que en la actualidad funciona como un destino turístico en la localidad, labor que cumplió de manera intensiva y prácticamente solo, dijo. Quienes disfrutan del ambiente dejan sus impresiones en las redes sociales.

Vista Marina también gana la atención del público, sin duda toma el nombre del amplio paisaje que desde el comedor, ubicado en planta alta, dispone de la admiración del turista. Tiene unas nueve habitaciones. El visitante igual puede optar por las atenciones de Neblina, posada-restaurant, situada en el sector Cogollalito o Jacaranda que resume sus bondades en www.campamentojacaranda.com, si no La Churuata de Miguel, un restaurant de comida venezolana que convive con Chepina, lugar que lleva el distintivo de su dueña y cocinera.

Senderismo por aquí

“Pipo” es un septuagenario con más de 30 años en la zona, donde abrazó el senderismo. Responde al apelativo y no cede a dar su nombre de pila debido a que con aquel le identifican no sólo los lugareños, sino todo quien lo ha contratado, “no para que los lleve a alguna excursión, sino para que los saque de la montaña”, dice sonriendo. Proviene de Argentina y el gentilicio no le impidió convertirse en la persona que más conoce los diferentes caminos que van a parajes como El Naranjo, La Silleta, Los Bajos, El Saltico, El Palmar. Atiende planes vacacionales, grupos, parejas y otros.

Lo esencial del aceite

Mary Ysabel Rangel, residenciada en Los Altos de Sucre hace unos 20 años descubrió que podía extraer de un destilador por arrastre de vapor y a través de un serpentino, los aceites esenciales de eucalipto, mandarina, naranja y limón, y se dedicó a producir esta línea que identifi có como Esencia de Montaña.

En su residencia-taller, ubicada en el sector El Saco, despacha asimismo cremas con base a cera de abeja, aceite de ajonjolí prensado al frío y plantas medicinales, entre las que se encuentra el Árnica, o las que dedica al insomnio, las várices, y alergias de piel. A la lista agrega los aceites de masajes, jabones artesanales, y el jarabe de Tapara, un depurativo que aplica para el asma y la fertilidad con resultados.

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