Guerra Santa desde Guayana

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La Semana Santa 2017 va a ser recordada no precisamente por los actos de devoción de los venezolanos sino por el recrudecimiento del conflicto que mantiene la oposición ante el gobierno de Nicolás Maduro; muy especialmente en las redes sociales.

Aquellos temporadistas que disfrutaban del sol tropical en las playas, las noches de luna llena o la densa neblina en la montaña ni se imaginaban que a sus espaldas se estaba desarrollando un nuevo capítulo de esa guerra truculenta y sucia, como toda guerra, en los campos de combate de la poderosa Guerra de Cuarta Generación.

Hemos dedicado un buen rato durante esta temporada de receso laboral para analizar este episodio, precisamente por lo solapada e invisible que aparenta ser esta guerra. Y en esta Semana Mayor, cuando los corazones y las mentes de la feligresía debían estar ocupados en temas del espíritu, pudimos constatar que la intensidad de los ataques, su velocidad y frecuencia, así como el alcance obtenido, escalaba varios niveles.

¿A qué nos referimos? Se preguntará el lector desprevenido. Vamos a darle algo de contexto.

La fecha escogida: 11 de abril, ¿coincidencia? Aquí cabe pensar como los sabios cuando afi rman que nada es casual. Para más señas: era el martes santo. El lugar: San Félix, Ciudad Guayana. La hora escogida: el atardecer, con un cielo teñido de rojo. El protagonista: el Presidente Nicolás Maduro. Éste es el contexto. Ahora vamos a los hechos. Acababa de concluir el acto y la transmisión por radio y televisión, todo lucía normal, aunque, según explicaremos más adelante, el anillo de seguridad presidencial ya estaba en alerta. Algunos testigos dicen que los hombres de seguridad se veían nerviosos y aceleraban la salida del mandatario. Lo que no hemos podido aclarar es por qué razón si estaban activadas las alertas y existía al menos cierto grado de riesgo, la seguridad presidencial decidió montar a Maduro en el vehículo militar modelo Tiuna, tal y como estaba originalmente pautado; así el Presidente iría a pie y saludando a la multitud congregada. Aunque siempre se tienen de respaldo otros vehículos, incluyendo los blindados.

¿Qué paso entonces?

Se lo vamos a contar casi en cámara lenta porque esa fue la forma que visualizamos los hechos muchas veces para entenderlos objetivamente. Fueron varios vídeos y su retransmisión en portales y canales de TV.

Estos vídeos tienen la secuencia del Tiuna saliendo del acto, el protagonista Maduro avanza en la vía entre una densa muchedumbre cuando un coro comienza a entonar palabras nada santas; una verdadera retahíla de improperios. Un par de segundos más tarde un objeto golpea a Maduro. Otros tres segundos después una lluvia de objetos vuela sobre el Tiuna. Estos no caen sobre la humanidad del Presidente porque ya su cuerpo estaba resguardado bajo una pirámide de sus guardaespaldas que se le abalanzaron, mientras que el vehículo arrancaba a toda máquina con su pasajero ilustre bien protegido. Todos los vídeos coinciden en mostrar movimientos de cámara torpes y se van a pantalla negra.

¿Por qué tanta alharaca? Puede preguntarse usted con cierta malicia y mucha curiosidad. Total, no es la primera vez que un jefe de Estado es atacado con huevos. Lo curioso de este suceso de Guayana es la guerra que se desató en las redes sociales en cuestión de minutos. “Huevicidio” lo denominaron enseguida. Ya dejaba de ser un hecho anecdótico y pasaba a ser “otra cosa”. Si bien otros políticos han recibido huevazos y alguno con la mala suerte le ha impactado en la cara, también hay registro televisivo de zapatazos en el rostro presidencial. Lo anormal de lo acontecido en el acto de Puerto Ordaz es el montaje y la destreza en el uso del medio audiovisual.

Estos videos lucen como grabados por aficionados que estaban esa tarde “casualmente” en las dos aceras. Un ojo entrenado puede descubrir que los camarógrafos están ubicados en ángulos distintos y hasta complementarios. También se observa claramente que los supuestos huevos (porque no se distinguen bien en las tomas) parten de lugares diferentes y de manos diferentes. ¿Teoría de la conspiración al estilo Hollywood?

Hasta el momento no nos consta que fuera algo orquestado por opositores infi ltrados en la multitud con el propósito de producir un vídeo viral en internet. Aunque no es tan irrelevante si así fuera, lo cierto es que a menos de tres horas de su grabación ya eran realmente virales.

Vamos a decirlo por la calle del medio: en la guerra de cuarta generación nada es casual.

Dejemos suspendida la respuesta en el espacio porque la reacción del Gobierno parece sacada de un episodio de “Nuestro Insólito Universo”. El protagonista (esta vez voluntario y voluntarioso): el Profesor Aristóbulo Istúriz. El lugar: el programa “Con Amorín” en VTV. La fecha: miércoles santo, a mediodía.

Un vocero calificado y del alto gobierno nos explicaría lo sucedido en Ciudad Guayana. La imagen del gobierno estaba siendo fuertemente agredida y esa herida se mostraba en los cuatro puntos cardinales. Los venezolanos esperaban por la versión oficial. Y no llegó. El profesor habló largamente con Amorín de la guerra de cuarta generación, pero se refirió a ésta como un hecho remoto y etéreo, cuando el mejor ejemplo lo tenía fresco del día anterior. Como testigo de primera fi la sólo explicó: “la cantidad de compatriotas vio que estaba terminando el acto. Se lanzó y violentó el cerco de Casa Militar y aquello venía como cuando hay una avalancha con el hielo; así venía la gente hacia Nicolás Maduro. En ese momento le pasaban a uno por encima ¡De todo! Y a Maduro le daban de todo. Yo agarré una pelota…”

Cuando el profesor narraba esto su silla se desplazó hacia atrás y casi lo tumba y a pesar de ello no perdió la compostura ante la sonrisa forzada de Amorín.

El profesor continuó: “Era una pelota de béisbol, de spalding, que le lanzaron al Presidente, que iba escrita con un mensaje; Nicolás tal cosa. Después yo se la di al Presidente en el avión”.

Amorín quería más y preguntó: “Usted en ese momento sintió violencia, agresión?”.

Y la respuesta: “Mira yo no sentí ninguna violencia. Yo después vi en las redes que una señora gritaba tal cosa. Yo no la vi. Te confi eso que yo no la vi. Pero, si la gritó, allí se ha podido meter cualquiera porque era una avalancha terrible de gente, pues. Pero era una cosa de amor. Maduro se sentía como si estuviera en una campaña electoral…”.

De la lluvia de huevos, nadita. Del pánico y la reacción de los agentes en el Tiuna para defender al Presidente, nadita. Y nadita de la “avalancha” de estos videos, imágenes y titulares en las redes.

Volvimos a encender el televisor y revisar las grabaciones tratando de estudiar la avalancha de amor descrita por Istúriz. Y llegamos a dos conclusiones: hubo una seria violación en el anillo presidencial y en pocas horas se creó una matriz de opinión en Venezuela y muchos países sobre el ataque.

En este punto decidimos utilizar el comodín de llamar a un amigo y consultar su opinión. Tarea nada fácil cuando la gente está vacacionando y fuera de cobertura. Por fi n, después de insistentes mensajes apareció nuestro especialista en medios audiovisuales y redes sociales. Él prefi ere guardar el anonimato. Sin embargo, fue categórico: “Sí, vi esos videos de Guayana y todo su aspecto es el de un montaje”. ¿Y por qué lo afi rmas tan categóricamente?.

“Es claro que estaban buscando 10 segundos de televisión que dijeran al mundo que el pueblo no quiere a Nicolás Maduro, y sabes qué, lo lograron. Las cámaras parecen fi lmando espontáneamente, hay mucha sincronía en todo aquello: los huevos, los gritos y sobre todo, su rapidísima difusión. Demasiada coordinación”.

Silencio en la línea telefónica

Les voy a poner una tarea, cuando la hagan me vuelven a llamar. Les estoy pasando unos enlaces para que busquen en internet”.

Junto a una varita feliz nos llegó el nombre de una serie televisiva y varios vínculos. Homeland, producida por el gigante mediático FOX. Nuestro amigo recomendaba ver un capítulo donde dos espías de la CIA, Carrie (una bella rubia, como debe ser) y Simon (experimentado y de barba gris) explican a la Presidenta electa de USA que a ella sus enemigos le están aplicando en “su casa” la misma receta que la Agencia ha aplicado durante décadas cuando han sentido alguna amenaza por algún gobierno. Así se hizo en Chile, en Nicaragua, en Irán, Libia. Una receta simple y fatal para quien la recibe: rumores, desinformación, disturbios y agitación política. Para nuestra sorpresa, FOX no escatimó detalles al mostrar cómo funcionan esos laboratorios de guerra comunicacional. Una clase magistral ese capítulo de Homeland. Nuestro amigo nos contesta con una carcajada:

La vieron rápido. ¿No?

Le dijimos que era una locura que FOX diera tantos detalles de las nuevas prácticas de la CIA.

“¿Todavía dudan si lo sucedido en Ciudad Guayana es guerra de cuarta generación?”, nos preguntó con cierto sarcasmo. Ninguna, gritamos al unísono al parlante del teléfono. “Y ahora les hago un regalo. Voy a pasarles un mensaje inocente colocado en Instagram hace varios días por un usuario no tan inocente: lorenzomendozapolar.

“Está siendo difundida masivamente a partir del 11 de abril. Parecen vainasdel viejo Goebbels. Les mando la imagen y no me jodan más. Estoy de vacaciones. Chao”.

Era el gran Lorenzo invitándonos a “derribar” las barreras que nos impiden realizar nuestros sueños y entre las bellas palabras ondea la bandera. A buen entendedor, pocas palabras. Demasiadas casualidades en estos días santos. Demasiados ingredientes de alta factura. Y esta guerra se libra con precisión tecnológica.

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