Casas de cambio en la frontera: perspectivas para un nuevo escenario económico

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Durante el mensaje anual presentado ante el Tribunal Supremo de Justicia el pasado 15 de noviembre, el presidente Nicolás Maduro anunció la apertura de ocho casas de cambio en la frontera colombo-venezolana. En efecto, las primeras ocho casas comenzaron a funcionar el lunes 16 de enero de 2017 con una tasa fijada por el Banco Central de Venezuela (BCV) de 4 pesos colombianos por cada bolívar. Tres de ellas están ubicadas en el estado Táchira y las cinco restantes en el estado Zulia.

A 11 días de su entrada en funcionamiento, el gobernador del estado Táchira, José Vielma Mora, informó que 3.490 transacciones se habían realizado, cantidad que se traduce en más de un 1 millón de dólares o 2.398 millones de pesos colombianos al cambio oficial intercambiados.

El tipo de cambio establecido para las transacciones en frontera, equivale a aproximadamente 734,22 bolívares por dólar si se toma como tasa de referencia la del Banco de la República de Colombia, que fluctúa en torno a los 2.900 pesos por dólar. Este precio de referencia aún se encuentra muy por debajo de la cotización actual del marcador paralelo Dólar Today. (Para el 1 de febrero de 2017 este indicador especulativo marcaba 3.551 bolívares por dólar).

La medida en las primeras de cambio ha despertado polémica y un debate profundo entre economistas afiliados a las distintas tendencias políticas que hacen vida en el país, así como altas expectativas por parte de la población sobre la efectividad o no de la misma.

Antes de explicar los efectos que busca producir la medida en términos generales (más allá de que su centro de gravedad haya sido trasladado a la frontera colombo-venezolana), es necesario analizar el cuadro económico venezolano, los factores que inciden en su comportamiento y las razones de fondo que enmarcan la decisión tomada por el gabinete económico del Gobierno nacional.

Venezuela desde hace dos años viene sufriendo una poderosa escalada inflacionaria y una contracción económica en términos de producción y consumo. Extraoficialmente, según estimaciones de consultoras privadas la inflación anualizada de Venezuela en 2016 cerró en por encima del 500%, sumada a una contracción económica cercana al 10%.
Por su parte las importaciones en 2016 cayeron un 52% con respecto a 2015 y las exportaciones no petroleras, según la Asociación Venezolana de Exportadores, se redujeron en un 39%.

Sin embargo, un informe de la Cepal publicado en 2016 proyectaba que la región latinoamericana en su conjunto atestiguaría una disminución del 5% en el valor de sus exportaciones.

Venezuela que no basa su potencial precisamente en las exportaciones no petroleras no estuvo muy alejado de países que sí tienen una ventaja comparativa en estos términos: Bolivia, Colombia y Ecuador sufrieron una contracción en sus exportaciones del 17,6%, 15,7% y 11%, respectivamente.

Pero este cuadro adverso y sumamente complejo de la economía nacional no se explica a sí mismo, tiene una causa fundamental: la estrecha dependencia del país y sus actores económicos fundamentales con respecto al ingreso petrolero (95% de las divisas que entran al país son por ese concepto) y a las importaciones.

Sobre esto es necesario hacer una mención aparte: entre 2011 y 2015 el ingreso en divisas por concepto de exportación petrolera ha disminuido en 4.207%, afectando gravemente el flujo de caja de PDVSA y la cantidad de divisas disponibles para acometer importaciones. En 2016 específicamente el ingreso petrolero disminuyó 87%, lo que se tradujo en 5.291 millones de dólares en ingresos traspasados al fisco nacional.

A este cuadro económico y financiero profundamente adverso, debemos agregar la cancelación del servicio de deuda externa por el orden de los 6.890 millones de dólares nada más en 2016, por parte de PDVSA y la República, aparte del comportamiento sostenido a la baja del mercado petrolero mundial y al encarecimiento circunstancial de los mercados de deuda internacional con respecto a Venezuela producto del súbito crecimiento del riesgo país.

El último corte del índice EMBI (elaborado por el banco de inversión global, JP Morgan) que mide el riesgo país en los mercados emergentes, ubica a Venezuela en 2.064 puntos, el más alto de la región y uno de los más altos del mundo.

Pero sin lugar a dudas el factor que más incide en el acelerado deterioro de este cuadro ya comentado es la inflación, específicamente por la pérdida del poder adquisitivo de la población (producto del alza sostenido de los precios), que hace cuesta arriba el sostenimiento y expansión de la esfera de la producción en sus distintos sectores. Se configura un círculo vicioso donde los principales actores económicos restringen sus capacidades y la demanda es presionada a la baja, contribuyendo a una contracción del aparato productivo y del consumo de la población.

Los factores antes mencionados (caída del ingreso petrolero, restricción de las importaciones, pago de deuda externa y riesgo país) inciden negativamente en la inflación, acelerando sus perniciosos efectos sobre la realidad y delimitando las fronteras de su propio encapsulamiento. El grado de incidencia de los factores externos sobre los internos (en este caso la inflación) es indisoluble, por ende, sin la estabilización en el corto y mediano plazo de los primeros el horizonte para el mejoramiento de los segundos siempre se achicará.

Aunque no es objetivo prioritario de este análisis referirse al conjunto de otros componentes internos que han incidido parcialmente en el cuadro inflacionario actual, sí es menester referirnos a factores extraeconómicos, específicamente a Dólar Today como índice del mercado paralelo de divisas en Venezuela.
Y es que aunque la discusión económica y financiera se encuentra en la actualidad bastante polarizada, tanto en el diagnóstico como en las soluciones que deben darse para salir del atolladero, lo cierto es que en lo respectivo a Dólar Today ha venido enfilándose cierto consenso, más allá de que el discurso de la radicalidad de los discursos plantee un campo cognitivo sin zonas grises para comprender la situación económica.

En este sentido, economistas que adversan las políticas del Gobierno nacional en materia económica, como Asdrúbal Oliveros y Ángel García Banchs, han argumentado que el índice paralelo en cuestión goza de poca transparencia y refleja un precio especulativo del dólar estadounidense con respecto al bolívar. Incluso han calculado que según el nivel de reservas internacionales con las que cuenta el país, dividida entre la liquidez monetaria o circulante actual, el precio de la divisa dólar en Venezuela no debería superar los 1.000 bolívares, acercándose más bien a la tasa de referencia del Dicom.

Es decir, más allá de aceptar o no la existencia de una “guerra económica”, economistas de distintas parcelas del espectro político nacional, sugieren que ese índice pudiera estar siendo utilizado como un instrumento político atornillado en un mercado especulativo que no responde a la dinámica económica venezolana. Por su parte, voceros económicos cercanos al Gobierno nacional han afirmado que Dólar Today, aproximadamente, incide en un 70% en el precio del total de mercancías y servicios ofertados en el mercado local.

En este sentido, y sobre la base de este consenso silencioso, el factor a disminuir en margen de influencia es la inflación y su marcador especulativo. El gabinete económico ha optado por la puesta en marcha de casas de cambio en la frontera con el país vecino. Medida que es llevada a cabo partiendo del diagnóstico de que la base de cálculo de Dólar Today tiene su centro de gravedad en Cúcuta, producto de las transacciones realizadas con bolívares del lado colombiano a una tasa devaluada (1 bolívar por 1 peso colombiano) que dan en su triangulación (Dólar Cúcuta) un precio de referencia (Dólar Today) seis veces por encima de la tasa más alta establecida por el Estado venezolano, el Dicom.

El Gobierno nacional ha entendido la urgencia de atacar las distorsiones del mercado cambiario dado sus perniciosos efectos sobre la inflación. En lo concreto y partiendo de lo expresado por el gabinete económico, el objetivo de este plan excepcional es contener el índice del mercado paralelo para de esta forma frenar la inflación, ya que según el diagnóstico realizado existe una relación de dependencia entre ambas variables.

Dado el precio fijo estipulado por el Banco Central de Venezuela, existe la preocupación de que individuos o grupos dedicados al contrabando de monedas hagan compras monumentales de pesos para luego demandar dólares o bolívares del lado colombiano, repitiendo ese ciclo una y otra vez presionando el alza del dólar paralelo, precisamente lo que se busca evitar.

Sin embargo, el Gobierno nacional ha tomado un conjunto de medidas regulatorias para cercar la influencia de actores paraeconómicos que hacen vida en la frontera. El estancamiento del precio referencia de Dólar Today a casi un mes de tomada la medida, refleja que dicho cerco ha funcionado al menos circunstancialmente, impidiendo la sobredemanda de dólares en la línea fronteriza.

El Gobierno nacional plantea dentro de su estrategia nutrir las casas de cambio con las estaciones de PDVSA que comercializan gasolina y otros combustibles en pesos en la frontera, generando un flujo de caja lo suficientemente sólido para voltear el centro de gravedad del lado venezolano, intentando reducir las asimetrías en el precio de ambas monedas que generan las distorsiones cambiarias de alcance nacional antes mencionadas.

La preocupación de una demanda exponencial de pesos colombianos del lado venezolano que haga inviable las operaciones en las ocho primeras casas de cambio sigue latente y sólo el mediano plazo dirá si la disponibilidad de pesos colombianos será suficiente para cubrir la demanda o si el BCV deberá aumentar el diferencial para mantener niveles estables de oferta, lo que a su vez haría poco competitivo comprar pesos colombianos en dichas casas de cambio, reproduciendo las asimetrías que se buscan equilibrar: frenar la centrífuga del contrabando de moneda venezolana.

La medida, al menos en su planteamiento inicial, proyecta que sobre la base del precio fijado (mucho más atractivo que la actual tasa que ofrece el Banco de la República de Colombia), el exceso de bolívares del lado colombiano retorne por vía legal a Venezuela y así disminuyan las transacciones que posibilitan a Dólar Today como marcador del dólar paralelo en Venezuela. Es también una medida dirigida a repatriar capitales ilegalmente extraídos de territorio venezolano.

En el mismo orden de ideas, las casas de cambio, más allá de su aplicabilidad en el ámbito fronterizo, busca generar distintos efectos en el comportamiento del conjunto de la economía nacional, sobre todo en lo correspondiente al mercado cambiario. Tal es así que los importadores venezolanos, pequeños, medianos y grandes, obtendrán más pesos por cada bolívar, lo que a su vez le permitirá obtener dólares a un precio cercano al Dicom y mejorar su rotación de mercancías en el mercado local. Es también una medida de contingencia que busca alternativas antiinflacionarias, en sincronía con las actualizaciones de precios en algunos rubros y los subsidios directos e indirectos hacia los sectores más vulnerables de la población venezolana.

Pero no limitante a esto, el intento de reducir los niveles de inflación por esta vía es de igual forma una ruta para proyectar una mejora del resto de las variables adversas (contracción del PIB y las importaciones; aumento de las exportaciones y manejo del ingreso nacional) comentadas al principio. He allí su sentido de urgencia.

Pero el éxito de la medida –la contención del dólar paralelo en el corto y mediano plazo–depende de dos factores fundamentales: que una mayor cantidad de casas de cambio entren en funcionamiento del lado venezolano para así competir con las miles que operan del otro lado de la frontera; que estas mantenga un flujo sostenido de divisas que permita intervenir en el mercado –buscando su equilibrio– ante cualquier súbito aumento de la demanda. De la correlación entre estos dos factores depende que esta estrategia cambiaria surta efecto.

Ahora bien, si el precio del dólar paralelo es estimulado por la devaluación unilateral realizada por las casas de cambio en Cúcuta y Maicao (las cuales actúan bajo el manto legal de la Resolución 8 emitida por el Banco de la República de Colombia en el año 2000, que le delega autonomía para decidir el precio del bolívar), también es cierto que la existencia del control cambiario impone un cerco para la adquisición de divisas por parte de los actores económicos, donde entran aquellos que actúan dentro de la ilegalidad y los que lo hacen a la sombra de ella.

En este sentido, las apertura casas de cambio, más allá de rebalancear el comercio monetario en su ámbito fronterizo a favor del lado más afectado (Venezuela), es también una medida excepcional que proyecta en el tiempo ir liberando la presión existente sobre los sistemas controlados de asignación de divisas del Estado venezolano, flexibilizando parcialmente sus mecanismos.

Esta incipiente alternativa para adquirir dólares (por parte de actores económicos particulares o grupales, dedicados al comercio y la importación) también dependerá de las condiciones anteriormente señaladas con respecto al peso colombiano: que exista un flujo sostenido para cubrir la demanda y frenar las presiones al alza del dólar que podría ocasionar dependiendo de si el Gobierno nacional mantiene o no los controles para su acceso en las casas de cambio.

Por ahora es la contención del dólar paralelo (y por ende de la inflación) la que conforma buena parte de los objetivos de esta estrategia. Flexibilizar ciertos mecanismos cambiarios y darle un desagüe limitado a la demanda de dólares en el país, pareciese ser más un objetivo complementario y en fase experimental que una decisión ya tomada. Aún teniendo esa cualidad no se puede perder de vista, ya que podría indicar una ruta de modificaciones y cambios paulatinos en cómo el Gobierno nacional ha venido interviniendo en el mercado cambiario.

Las casas de cambio por sí solas sólo contendrán el dólar paralelo, contribuyendo en el corto y mediano plazo a que su cotización se vaya aminorando y en tal sentido su hermana gemela: la inflación. Regularizarlo definitivamente y atornillarlo a la dinámica real de la economía depende de otras estrategias que sincronizadamente con esta vayan dándole transparencia, eficiencia y alternativas de distinta índole sobre la base del interés nacional.

Al cierre de este artículo el índice Dólar Today se ha contenido y disminuido parcialmente en su cotización. Las casas de cambio aumentan en sus transacciones y el comercio de monedas en Cúcuta y Maicao resiente parcialmente la medida. El tiempo será el termómetro de esta estrategia. Por ahora va por buen camino.

William Serafino @WilliamSerafino