El azúcar, un problema de salud pública

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Las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS), anunciadas el 5 de marzo de 2015 recomiendan tanto para adultos como para niños, que el consumo de azúcares libres no sobrepase el 10% de la ingesta calórica total diaria.(1)

“Los azúcares libres se refieren a los monosacáridos (ejemplo glucosa, fructosa, etc.), los disacáridos (sacarosa o azúcar de mesa) que son añadidos a los alimentos y bebidas por los fabricantes, los cocineros o los consumidores, así como los azúcares presentes de forma natural en la miel, los jarabes, los jugos de frutas y los jugos concentrados de frutas. Sin embargo, las directrices no se refieren a los azúcares que están contenidos en las frutas frescas, ni en los vegetales frescos, porque no existe evidencia documentada de efectos adversos en su consumo”. (1)

La OMS presenta también una “recomendación adicional”: una reducción adicional, por debajo del 5% diario aproximadamente unos 25 gramos o seis cucharaditas por día, en una dieta de 2.000 calorías, proporcionaría mayores beneficios para la salud. (1)

Acatar estas directrices no ha sido fácil ni exento de controversia. El azúcar es un problema para la salud pública en este momento y tiene muchos dolientes.

Una gran cantidad de estudios muy serios sobre las implicaciones negativas del azúcar en la salud y evidencia del efecto perjudicial de los azúcares añadidos sobre la salud, es su relación con sobrepeso, obesidad y microbiota intestinal alterada. Un estudio publicado en American Journal of Clinical Nutrition sugiere que el consumo de bebidas endulzadas con azúcar simple aumenta la ganancia de peso en niños y adultos.(2)

Adicionalmente, otro estudio asoció positivamente el consumo de bebidas azucaradas con el aumento del perímetro de la cintura y su consumo continuo durante 10 años, se asoció con la incidencia de obesidad abdominal en adultos.(3) Otro estudio reciente presenta datos sobre la sustitución de las bebidas azucaradas por agua, lo cual redujo los triglicéridos y la prevalencia del síndrome metabólico en mujeres mexicanas obesas.(4)

Estamos convencidos de que el azúcar añadido no es indispensable para el organismo y de acuerdo con los investigadores Basu y cols (5) que le llaman: el “hombre anti-azúcar” y que la considera un “toxico adictivo”, quienes después de analizar una data de 175 países encontraron que por cada aumento en la disponibilidad de azúcar en 150 kcal/persona/día (alrededor de una lata de refresco/día) ocurría una asociación con un aumento de 1,1% en la prevalencia de diabetes.

Más allá del efecto de los azúcares libres en la ganancia de peso y la diabetes, en el 2014 en Open Heart (6) se reporta “Los cristales blancos equivocados: Sal no, sino azúcar, como agente etiológico en la hipertensión y la enfermedad cardiometabólica”.

El artículo revisa exhaustivamente una serie de estudios epidemiológicos y ensayos experimentales publicados, realizados en animales y humanos, y concluye que la evidencia sugiere que los azúcares añadidos, sobre todo fructosa refinada, pueden aumentar la presión arterial y la variabilidad de la presión arterial, incrementando la frecuencia cardíaca y la demanda de oxígeno del miocardio, así como contribuir a la inflamación, resistencia a la insulina y a una mayor disfunción metabólica. El mensaje a los médicos es mover un poco el foco que hay sobre la sal y prestar más atención al consumo de azúcares libres y alimentos ultraprocesados.

Es imposible eliminar el azúcar de los alimentos, pues se encuentran naturalmente en una amplia gama de alimentos saludables como frutas, vegetales, nueces, tubérculos, etc. Pero es importante evitar a toda costa los alimentos ultra procesados y disminuir en lo posible los azúcares añadidos en tus preparaciones, y de esta forma disfrutes del verdadero sabor de los alimentos al natural.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Guideline: Sugars intake for adults and children. Geneva: World Health Organization; 2015. Disponible en: http://who.int/nutrition/publications/guidelines/sugars_intake/en/
  2. Malik VS, Pan A, Willett WC, Hu FB. Sugar-sweetened beverages and weight gain in children and adults: a systematic review and meta-analysis. Am J Clin Nutr. 2013. DOI: 10.3945/​ajcn.113.058362
  3. Funtikova AN, Subirana I, Gomez SF, Fitó M, Elosua R, Benítez-Arciniega AA, et al. Soft Drink Consumption Is Positively Associated with Increased Waist Circumference and 10-Year Incidence of Abdominal Obesity in Spanish Adults. J. Nutr. 2015. 145:328–34. DOI:10.3945/​jn.114.205229
  4. Hernández-Cordero S, Barquera S, Rodríguez-Ramírez S, Villanueva-Borbolla MA, González de Cossio T, Rivera J, et al. Substituting Water for Sugar-Sweetened Beverages Reduces Circulating Triglycerides and the Prevalence of Metabolic Syndrome in Obese but Not in Overweight Mexican Women in a Randomized Controlled Trial. J. Nutr. 2014. DOI: 10.3945/​jn.114.193490
  5. Basu S, Yoffe P, Hills N, Lustig RH. The Relationship of Sugar to Population-Level Diabetes Prevalence: An Econometric Analysis of Repeated Cross-Sectional Data.
  6. 2013. PLoS ONE 8(2): e57873. DOI:10.1371/journal.pone.0057873
  7. DiNicolantonio JJ, Lucan SC The wrong white crystals: not salt but sugar as aetiological in hypertension and cardiometabolic disease Open Heart 2014;1:e000167. DOI: 10.1136/openhrt-2014-000167

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