Aumentos por decreto: me sobra mucho mes al final del sueldo

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En la desenfrenada carrera de salarios vs inflación, siempre salen perdiendo los salarios. El Gobierno ha decretado 15 aumentos del salario mínimo, pero estos no pasan de ser pura ilusión monetaria, ya que nominalmente se ganan más bolívares, pero en realidad se pueden comprar menos bienes. Veamos:

Con el último aumento del 1 de Mayo, el salario mínimo pasó de Bs 40.638,00 a 65.021,00. El bono de alimentación subió de Bs 108.000,00 a Bs.135.000,00. Sumando, salario mínimo más cesta tickets, el ingreso integral del trabajador queda en Bs 200.021,00, de los cuales apenas 32% corresponde al salario, mientras que 68% es un bono complementario que no aplica para el cálculo de prestaciones sociales, vacaciones, pensiones de jubilación, etc.

El BCV y el INE dejaron de publicar el costo de la Canasta Alimentaria Familiar (CAF) y los únicos datos disponibles son los del Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cendas), cuya última medición del precio de la CAF para marzo de 2017 la ubicó en Bs 772.614,00; esto significa que los trabajadores que reciben salario mínimo y cesta ticket requieren 3,86 ingresos integrales de Bs 200.021,00 para comprarla, pero los que no reciben el bono de alimentación necesitan 11,88 salarios de Bs 65.021,00 para adquirirla.

Cuando el aumento de la canasta alimentaria es mayor al incremento salarial, esto no sólo anula el aumento del año en curso, sino que también devora parte del salario anterior. Una inflación mayor que el incremento salarial agrava la distribución regresiva del ingreso que empobrece cada vez más a los trabajadores que viven de un ingreso fijo. Es preferible que el Gobierno no decrete más aumentos del salario mínimo y, más bien, se dedique a poner en marcha una eficaz estrategia antiinflacionaria que permita preservar, al menos, el poder adquisitivo de los hogares.

¿Quiénes ganan y quiénes pierden con la inflación?

La inflación erosiona el poder adquisitivo del ingreso familiar, contrae el consumo privado, castiga la actividad productiva y desata un círculo vicioso que es cada vez más difícil de atajar. Al no haber suficiente demanda, las empresas ajustan el nivel de producción y reducen las nóminas, con lo cual contraen aún más la capacidad de compra en los hogares.

Los aumentos de la nómina pública no se financian con un aumento de los impuestos, sino con créditos adicionales que obligan a la emisión de dinero sin respaldo en la producción. El Gobierno gasta más de lo que le ingresa y, por lo tanto, inyecta más poder de compra que el que sustrae por la vía del cobro de impuestos. Para cubrir esta brecha el BCV imprime dinero sin respaldo en la producción, pero al inyectar esta masa de dinero a la circulación, muchos bolívares salen a comprar unos bienes cada vez más escasos y esto atiza aún más la inflación. El alza en los precios que de inmediato ocurre se traduce en los hechos en un impuesto inflacionario. En resumen, podemos decir que con la inflación:

  • Gana temporalmente el Gobierno que se vale del impuesto inflacionario para cubrir su déficit y pierden los trabajadores que viven de un ingreso fijo cuya capacidad adquisitiva se deteriora rápidamente.
  • Pierde el Gobierno porque con la caída de la demanda y la contracción del PIB, las empresas cierran con pérdidas, pagan menos impuestos y no contribuyen de igual manera al ingreso fiscal.
  • Ganan las empresas que tienen precios variables que ajustan al ritmo de la inflación y pierden los trabajadores que dependen de un salario fijo que no se ajusta de inmediato.
  • Pierde el Gobierno ya que, en un creciente número de operaciones de compra-venta, las familias y empresas no reclaman la factura para no tener que pagar el IVA y así poder estirar sus menguados ingresos.
  • Gana quien tiene crédito a una tasa fija y menor que la inflación porque los bienes que compran se revalorizan mucho más, pero pierden quienes ahorran a un tasa de interés fija que no compensa lo que pierden por la hiperinflación.
  • Pierde el Gobierno porque al ser menor el ajuste de la Unidad Tributaria en comparación con la inflación, sufre una reducción del ingreso fi scal en términos reales.

La pugna por la distribución del ingreso

El factor trabajo reclama aumentos de sueldos para compensar el poder adquisitivo que ha perdido por la voraz inflación. Las empresas financian el aumento trasladando a los precios el incremento de los costos laborales, mientras que el Gobierno solicita un crédito adicional para pagar el aumento de una abultada nómina pública improductiva, la cual recibe un poder de compra que no tiene su contrapeso en lo que produce. Los trabajadores en cambio tienen que esperar hasta el próximo 1 de Mayo o hasta la nueva contratación colectiva (en promedio cada dos años) para que se produzca una nueva compensación salarial.

Los precios suben pero los salarios no se ajustan de inmediato. El factor trabajo reacciona con retraso y cuando por fin logra una compensación salarial, ya ha sido despojado de buena parte de su ingreso. El ajuste salarial, además de ser tardío, no compensa la pérdida del poder adquisitivo. Al ser menor el aumento de los sueldos en comparación con la inflación, se produce entonces una transferencia neta del ingreso de los trabajadores que viven de un sueldo fijo, a favor del factor capital que traslada el incremento de los costos a los precios, y también a favor del Gobierno que aplica un impuesto inflacionario al financiar su déficit fiscal con desmesuradas emisiones de dinero que agravan la inflación.

El resultado de esta pugna por la distribución del ingreso entre trabajo capital-gobierno se mide a través del intercambio de salarios por inflación. En dependencia de cuál sea mayor, estaremos en presencia de una distribución progresiva o regresiva del ingreso.

En la espiral inflacionaria, el incremento de los precios de los bienes y servicios suele ser superior al aumento de sueldos. La lentitud con la que se ajustan los salarios a quien más afecta es a las familias que viven de un ingreso fijo. El impacto de la inflación recae con más fuerza sobre el Estrato I (más pobre) que, aun cuando destine todo el ingreso familiar a la compra de alimentos, no llega a cubrir todo el costo de la canasta alimentaria. Recordemos que el salario mínimo aumentó a Bs 200.021,00… pero la canasta alimentaria subió a Bs 772.614,00.

¿A cuánto equivale el salario mínimo de Venezuela en dólares?

Esto dependerá de la tasa de cambio a la que se calcule:

* Si el ingreso integral de Bs 201.021,00 se convierte en dólares a la tasa Dipro de 10,00 Bs/$, equivale a $ 20.102,00 mensuales;

* Si se convierte a la tasa Dicom de 721,00 Bs/$, el ingreso cae a $ 277,00 mensuales;

* Si el cálculo se hace con base en el dólar paralelo, el ingreso se reduce a sólo 37,00 $/mensual, equivalente a $ 1,20 diarios.

* La ONU considera en condición de pobreza extrema a todo aquel que gane menos de $ 2,00 diarios.

¿Cuál de estos cálculos expresa mejor su realidad familiar?

Usted tiene la respuesta.

El salario no es sólo un costo de producción más: es la principal fuerza motriz del consumo privado y de la demanda agregada. Cuando se castiga el salario se castiga la actividad económica y se provoca estancamiento y recesión. Mientras que un verdadero aumento del salario real mueve la economía y ayuda a vencer la recesión.

Quienes viven de un ingreso fijo tienen mayores necesidades insatisfechas, por eso cuando reciben un aumento de sueldos tienden a gastarlo todo, no tienen capacidad de ahorro y su propensión al consumo es mayor.

Los aumentos de sueldos serán la fuerza motriz de la reactivación económica, siempre y cuando no sean trasladados de inmediato a los precios. Sólo así se podrá aumentar el poder de compra de la gran mayoría de los hogares para satisfacer sus necesidades básicas y esenciales y relanzar la economía en un círculo virtuoso de más empleo-mejores salarios mayor demanda-mayor producción.

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