América Latina y la restauración neoliberal: El rol de Argentina en la era Macri

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Neoliberalismo reloaded

El ascenso de Mauricio Macri al gobierno de la República Argentina (diciembre 2015), abrió las compuertas a un extraordinario y acelerado proceso de restauración neoliberal en América Latina y el Caribe. Con este proceso resurgen los debates que gobiernos progresistas y el movimiento popular continental habían parcial pero estratégicamente neutralizado en Mar del Plata en noviembre de 2005, con la derrota del Área de Libre Comercio para las Amé- ricas (ALCA).

Aunque hoy aparecen nuevos rostros, desafíos y contradicciones en la geopolítica continental, el libre comercio busca reinstalarse en la región, ahora comenzando desde el Sur del continente Americano. La Argentina parece consolidarse como la tierra del “entierro” y la “resurrección” del neoliberalismo; proyecto que conserva y profundiza la direccionalidad estratégica inaugurada por el Consenso de Washington, y que luego de 17 años de experimentación y contrapunteos con los gobiernos progresistas de la región reconfi gura las estrategias de su implementación. Dejando de lado el análisis del conjunto de medidas internas que desregulan, fl exibilizan, y desmontan el andamiaje de derechos laborales de la sociedad argentina; de cara a las relaciones comerciales hemisféricas y globales, el gobierno de Macri ha avanzado en la restauración neoliberal en un doble terreno: por la vía bilateral y subregional y por la vía de las apuestas multilaterales globales.

Los pasos de la restauración neoliberal

En el plano bilateral, la fi rma del Acuerdo Marco de Comercio e Inversión entre los Estados Unidos y Argentina, en ocasión de la reunión Macri-Obama celebrada en Buenos Aires en marzo de 2016, confi rman el retorno de viejas “relaciones carnales” con la potencia estadounidense anunciadas por el ex-canciller Di Tella en 1991. Esta decisión estratégica fue reforzada en septiembre 2016, con la celebración del Foro de Inversión y Negocios de Argentina que, bautizado como el mini Davos argentino, congregó a centenares de altos representantes de corporaciones trasnacionales y gubernamentales del mundo.

En el plano subregional e interregional y tras la confrontación “intra”-Mercosur por el ejercicio de la presidencia pro témpore -que correspondía ejercer a Venezuela-, Argentina secundada por el Brasil de Temer, volcó los esfuerzos de su diplomacia comercial para avanzar en las negociaciones de un tratado de libre comercio entre Mercosur y la Unión Europea, logrando avances signifi cativos en marzo de 2017 y programando una segunda reunión en Bruselas para julio de este año.

Los días 6 y 7 de abril de 2017, bajo el lema “Avanzando hacia la cuarta Revolución Industrial para la Inclusión en América Latina”, se efectuó en Buenos Aires, el Foro Económico Mundial de Davos, antesala preparatoria para el ejercicio de la presidencia argentina del G20, rol que asumirá en 2018. Completa esta apuesta global por la inversión y el comercio desde la perspectiva neoliberal, la próxima celebración en la capital porteña de la XI Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC), del 11 al 14 diciembre de 2017, institución considerada como la contracara de las luchas populares antineoliberales a nivel planetario.

La tendencia del hegemón El actual proceso de restauración neoliberal latinoamericano ocurre en un contexto radicalmente diferente al de inicios de los años ´90, momento en que Bush padre lanzó la Iniciativa para las Américas. De aquellos tiempos a nuestros días, el proceso de acumulación de experiencias del movimiento popular continental ha servido para comprender el objeto, sentido y consecuencias de los tratados bilaterales y multilaterales de inversión y de libre comercio.

Hoy no amanece un mundo en plena perestroika. Y si bien el campo progresista que gobernó buena parte de la región experimenta un signifi cativo debilitamiento, sus aprendizajes durante años de gestión cuentan como valioso acervo para interactuar en un terreno de juego en el que ayer no tenía ninguna experiencia. China, Rusia, la Unión Europea, las economías emergentes y los Estados Unidos, juegan roles muy diferentes a los que interpretaron en los años `90. El mundo ha cambiado y lo ha hecho de manera compleja.

La instalación del neo-proteccionismo estadounidense en la era Trump es un signo inequívoco de estos cambios, que curiosamente ha motivado un ánimo celebratorio en algunos aná- lisis del progresismo latinoamericano. Discurso festivo que erróneamente se enarbola de múltiples formas, pero que se sintetiza en la consigna de la globalización ha muerto. Más allá de la propaganda empleada para reprochar a las élites liberales latinoamericanas sus desaciertos ideológicos y econó- micos, en tanto subsidiarias y dependientes del espejismo desarrollista, la realidad sobre la economía global es histórica y estructuralmente distinta. Proteccionismo imperial y globalización neoliberal han sido y son dos fórmulas perfectamente compatibles y coexistentes. Más cuando sabemos que el imperio, como conjunto de instituciones que hacen gobernable la globalización –como gusta decir a los tecnócratas del FMI y el BM–, no se reduce al aparato industrial, fi nanciero y militar de los EEUU, y que la globalización, es un fenómeno planetario que transforma los modos globales de producir, distribuir y comercializar bienes, servicios y sentidos culturales, donde participan diversos jugadores públicos y privados de alcance global.

En el ámbito hemisférico, varios círculos empresariales y de pensamiento liberal en Estados Unidos comparten con sus pares latinoamericanos la percepción según la cual, una desvinculación comercial del hegemón con Amé- rica Latina y el Caribe implicará la profundización del viraje comercial latinoamericano hacia el continente Asiá- tico. En este contexto, la ortodoxia liberal latinoamericana articulada histórica e ideológicamente a los EEUU, se debate entre mantener las relaciones económicas tradicionales o aplicar un giro geoeconómico en la búsqueda de oportunidades comerciales. Así las cosas, China y otros actores globales continúan su ya experimentado avance sobre la región latinoamericana y caribeña.

La Conferencia de la OMC en Argentina (2017), algunos temas

Desde julio de 2016, Argentina y Uruguay se disputaron la plaza para albergar la Conferencia, hasta que en octubre de ese año Uruguay retiró su candidatura. A la fecha, parece ser muy temprano para prever la agenda que discutirán en Buenos Aires los estados miembros de la OMC. En todo caso, de mantenerse las tendencias actuales, la Conferencia se efectuará en un contexto de proteccionismo económico estadounidense y de creciente aperturismo latinoamericano. En Asia y parte del mundo árabe, algunos países consideran que en la capital argentina se debe avanzar sobre los acuerdos de las precedentes Conferencias de Bali (2013) y Nairobi (2015), dando continuidad a la agenda comercial del desarrollo.

Otros temas sobre la mesa, lo constituyen la continuación de la discusión acerca del reconocimiento de China como economía de mercado, asunto que compromete a los países latinoamericanos, según sea el caso, no sólo por los problemas en términos de intercambio comercial relativos a la política de dumping y subsidios, sino 22 Abril de 2017 por la posición asumida por sus socios europeos y estadounidenses, quienes le niegan a China esta condición. La discusión sobre la creación de un marco multilateral al interior de la OMC para la eliminación de los subsidios a la pesca, donde Colombia, Costa Rica, Panamá, Perú y Uruguay son proponentes junto a Argentina de un texto en esta materia (TN/RL/GEN/183); la cuestión de la limitación de las subvenciones agrícolas en las que Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay, Perú y Uruguay tienen intereses específi cos y participan conjunta y activamente en la negociación; el retorno de Argentina al Sistema General de Preferencias Comerciales; el avance en las negociaciones de servicios con especial énfasis en el comercio electrónico, entre otros, podrían conformar un nutrido paquete de temas en el debate de las negociaciones comerciales internacionales que tendrán lugar en diciembre próximo.

Luchas populares contra el neoliberalismo

Las luchas del movimiento popular continental contra el ALCA demostraron la posibilidad de frenar los apetitos del gran capital en el hemisferio occidental. También evidenciaron que estas victorias lejos de ser defi nitivas, son parciales en la medida que las estrategias del gran capital se reconfiguran para lograr su objetivo. En términos muy generales, la derrota del ALCA y la comprensión de su estrategia fragmentada, los TLC`s, fue posible gracias a, al menos, tres factores: el aprovechamiento de las diferencias intrínsecas del capital en las rondas de negociación que permitieron ganar tiempo político y acumular fuerzas en el movimiento obrero-sindical-gremial, campesino, indígena, de pequeños comerciantes y estudiantil; el ascenso al poder de gobiernos alternativos que transformaron progresivamente la correlación intergubernamental de fuerzas frente al consenso tácito en torno al libre comercio, y fi nalmente, el establecimiento de una plataforma de análisis, divulgación, movilización contra el libre comercio agrupada en la Alianza Social Continental, la cual contó con la sistematicidad, participacióndemocrática, heterogeneidad y fl exibilidad sufi cientes para generar resistencias nacionales y regionales en cada momento de la agenda del libre comercio.

Con el retorno de gobiernos de signo elitista liberal en América y el re-establecimiento de la agenda del pensamiento único, el movimiento popular continental comienza a mostrar signos de reactivación organizativa. Así, en marzo de 2015, surgió la Jornada Continental por la Democracia y contra el Neoliberalismo, cuyas manifestaciones multitudinarias tuvieron lugar en noviembre pasado a nivel continental, y que los días 15 y 24 de marzo 2017, se movilizaron en Brasil y Argentina, respectivamente, con el objetivo de acumular fuerzas para transitar el 2017 hasta llegar a Montevideo en noviembre y a Buenos Aires en diciembre.

Un papel determinante en este proceso lo jugarán los gobiernos progresistas en la región, quienes amenazados en el contexto interamericano o subregional, corren riesgo de ser excluidos del tablero de juego, debilitando así el proceso de resistencia. Ello explica con gran nitidez la aplicación a Venezuela de la cláusula democrática del Mercosur prevista en el Protocolo de Ushuaia, sanción que se erige como réplica de los sistemáticos ataques gestados contra Venezuela en el seno de la OEA. La victoria electoral de Lenin Moreno en Ecuador, contrabalancea sutilmente este escenario. El sostenimiento de gobiernos progresista en la región es un freno a la agenda librecambista. Pero el tiempo transcurre y la restauración neoliberal requiere de victorias tempranas, lo cual acelera las soluciones antidemocráticas en el continente.

Como se observa, las cartas están sobre la mesa y el horizonte confl ictivo quese aproxima en la región sólo espera, a priori, por el desarrollo de las agendas entre dos proyectos históricos radicalmente opuestos: la lucha por mayor democracia, la inclusión social y la distribución cada vez más equitativa de los benefi cios de la economía versus la restauración neoliberal con sus consecuencias devastadoras para todas las formas de vida existentes en la región, la cultura, sus habitantes y la naturaleza. Un episodio electoral se acerca en Argentina que puede deparar muchas sorpresas. La calle se calienta en la ciudad de la furia, y de los tiempos de relativa estabilidad se transita a un tiempo de avanzada contestataria contra los intereses empresariales continentales y extrarregionales que han visto luz en el cono Sur. Veremos.

Jorge Arturo Reyes
Sociólogo
@jorgearturorey

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